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En diálogo con CIUDAD TV, la lingüista e investigadora Florencia Salvarezza, directora del Instituto de Neurociencias y Educación de Fundación INECO, explicó cómo la provincia de Chaco pasó en un año de resultados “calamitosos” en lectoescritura a más que duplicar la comprensión lectora de los chicos de primer grado, tras la adopción de métodos estructurados de alfabetización en todo el primer ciclo primario. La lingüista e investigadora Florencia Salvarezza, directora del Instituto de Neurociencias y Educación de Fundación INECO, remarcó que la comprensión lectora “más que duplicó” en el Chaco y que la fluidez tuvo un salto equivalente: los chicos que en 2024 leían 16 palabras por minuto llegaron, al terminar 2025, a leer casi 40. En primer grado puntualmente, la comprensión lectora pasó del 26% al 61%. Salvarezza fue clara en repartir la autoría de la transformación antes de entrar en los números: “quiero darle todos los créditos a la ministra y a la gente del Ministerio de Educación de Chaco, porque el cambio lo hicieron ellos”. Según relató, todo comenzó en 2024, cuando la provincia solicitó a Fundación INECO una capacitación sobre alfabetización. Salvarezza —que además de dirigir el Instituto de Neurociencias y Educación viajó varias veces a Chaco para dar charlas sobre el tema— sostuvo que, tras esas conversaciones, “la ministra dijo: vamos a cambiar lo que estamos haciendo y vamos a hacer un poco lo que vos contás que hay que hacer”. A partir de ahí, el equipo provincial se contactó con Aprendo Leyendo y la ministra decidió que todo el primer ciclo —primero, segundo y tercer grado, unos 75 mil niños— comenzara a trabajar con métodos estructurados. Un diagnóstico “calamitoso” como punto de partida Antes del cambio, la situación era crítica. Salvarezza detalló que, al medir cómo habían terminado primer y segundo grado en 2024, “los resultados eran calamitosos”: en promedio, apenas un 30% de los chicos podía responder correctamente sobre un texto leído, y la fluidez lectora rondaba las 16 palabras por minuto. La investigadora contextualizó esa cifra con parámetros internacionales: en los países con mejores sistemas educativos, un chico que termina primer grado lee alrededor de 60 palabras por minuto, mientras que en América Latina y el Caribe un piso razonable serían 40 palabras por minuto. No se trató de una prueba diagnóstica tradicional, aclaró, sino de lo que ella llamó “pruebas comparativas”, en las que la cohorte de 2024 funcionó como grupo de control frente a los chicos que, un año después, ya habían trabajado con el nuevo método. En qué consiste el método estructurado Consultada sobre en qué consiste el cambio, Salvarezza explicó que en Chaco se aplica ahora “lo que se llama método estructurado o sistemático o explícito”, que se enseña de manera igual a todos los niños sin presuponer conocimientos previos. “No se le pide al niño que haga hipótesis, ni que construya conocimiento, ni que descubra solito”, describió: se presenta cada letra, se enseña su sonido, se practica lectura, caligrafía, dictado y escritura espontánea, y de a poco se van sumando letras nuevas. Según contó, los chicos empiezan a leer en voz alta a las dos semanas de iniciado el programa y, al mes y medio, ya leen cuentos. La investigadora comparó el proceso con el aprendizaje de un deporte o un instrumento musical: “el cerebro humano no está preparado para leer, hay que tender nuevas redes en el cerebro y esto lo que hace es hacer ese proceso y practicarlo”. “Aprendieron a leer”: resultados que duplicaron la comprensión Un año después, con la primera cohorte que trabajó íntegramente con el nuevo método, los resultados sorprendieron incluso a los propios investigadores. Salvarezza remarcó que la comprensión lectora “más que duplicó” y que la fluidez tuvo un salto equivalente: los chicos que en 2024 leían 16 palabras por minuto llegaron, al terminar 2025, a leer casi 40. En primer grado puntualmente, la comprensión lectora pasó del 26% al 61%. Para la investigadora, la explicación es simple: “la comprensión lectora es el resultado de aprender a leer”. El programa trabaja un período diario específico de alfabetización, con foco en comprensión a nivel de palabra, frase, oración y texto, y al leerse en voz alta de manera constante en el aula, los docentes detectan de inmediato a los chicos más rezagados y pueden reforzar su trabajo individual, lo que —sostuvo— achica la brecha entre los alumnos que leen mejor y los que leen peor. El rol de la escuela frente al “factor cuna” Consultada sobre si el proceso debía continuar en el hogar, Salvarezza fue categórica: “al leer se aprende en el colegio”. Para la investigadora, la escuela tiene la responsabilidad social de formar a todos los chicos por igual, independientemente de los recursos económicos o el tiempo disponible en cada familia. “Hay chicos que tienen familias que tienen recursos tanto económicos como temporales, tienen tiempo para acompañar, leerles, mostrarles libritos”, explicó, pero advirtió que la mayoría de los niños del país no cuenta con esas condiciones, lo que en la jerga educativa se conoce como “factor cuna”. Por eso, remarcó, “la escuela tiene que garantizar que no importa de dónde venís (…) vas a tener las mismas oportunidades que otros niños que van y vienen de otros hogares muy distintos”, algo que “hoy por hoy no sucede, pero ya empezó a suceder”. Capacitación docente: resistencia inicial y apoyo casi unánime El cambio de método también implicó un proceso de formación para los maestros, a cargo de Aprendo Leyendo, con capacitaciones previas y durante el ciclo lectivo, grupos de WhatsApp y visitas a las escuelas. Salvarezza destacó que el programa ofrece a los docentes materiales que indican con precisión qué trabajar en cada momento del día dedicado a la alfabetización, lo que simplifica la tarea una vez incorporada la dinámica. Reconoció, sin embargo, que al principio hubo resistencia: “la resistencia al cambio existe, somos seres humanos, estamos acostumbrados a hacer cosas de cierta forma”. Pero, según las encuestas realizadas a lo largo del año, el apoyo docente a las nuevas

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