Escuchar artículo

A pesar de las campañas, el VPH sigue rodeado de ideas erróneas: un desconocimiento y una irresponsabilidad (especialmente masculina) que agravan el impacto físico y emocional en las mujeres. Julio tiene 47 años, dos hijos y una vida que volvió a empezar tras su divorcio. En una aplicación de citas conoció a Marta y entre ellos se estableció una relación intensa, tanto en lo emocional como en lo físico. “Desde muy pronto tomamos el hábito de tener relaciones sexuales sin protección. No nos acostábamos con nadie más y nos hicimos pruebas de ETS. Nos sentíamos completamente seguros”, recuerda. Todo siguió igual durante unos meses, hasta que la propia intensidad provocó que interrumpieran la relación por un tiempo. Cada uno siguió su camino. Durante ese intervalo, Julio tuvo un encuentro puntual sin preservativo con una tercera persona. “Tenía claro que había sido un error, pero me hice las pruebas de ETS y el resultado fue negativo”, cuenta. Con ese resultado y la idea de que todo estaba bajo control, decidió no darle más importancia. Un tiempo después, se reencontró con Marta y comprobaron que la química entre ellos seguía intacta. “Aquí es donde llegó mi segundo error”, explica. “Sabía que Marta no iba a tolerar que hubiera tenido un contacto inseguro y, si se lo contaba, era muy posible que se echara atrás en un momento en el que nos estábamos aproximando de nuevo. Entre el terror de perder la oportunidad de volver a acercarnos y la falsa sensación de seguridad, le mentí, le dije que no había tenido relaciones sin protección. Ella me dijo lo mismo y volvimos a las viejas prácticas, acostarnos sin usar preservativo”. Durante un mes y medio, todo fue estupendamente, hasta que a Marta le aparecieron unas verrugas en la zona genital. Consultaron a un par de médicos y ambos coincidieron en su diagnóstico: probablemente se trataba del virus del papiloma humano (VPH). A partir de ahí, todo se volvió más complejo. “El médico me explicó que el VPH no se detecta en las pruebas de las ETS. Es más, en hombres no existen pruebas fiables… No tenía ni idea de esto”, dice. Lo que él pensaba que era un control suficiente no lo era en absoluto. La historia de Julio no es excepcional, aunque cada una tiene sus particularidades. Miguel descubrió que era positivo de una forma algo diferente. “Me enteré por una expareja”, recuerda. “Ella dio positivo y me avisó”. Resultó que él también lo era. La noticia llegó envuelta en reproches por parte de la mujer. “Me hizo sentir como si le hubiera pegado el sida adrede”, dice. Para entonces, ya estaba con otra persona, a la que había contagiado, lo que también acabó afectando mucho a la relación. En su caso, tampoco había certezas. “Está claro que los varones no sabemos exactamente cuándo lo contraemos”, admite. Había usado preservativo “la mayoría de las veces”, aunque reconoce que no siempre. Y, como en el caso de Julio, la información llegó tarde, cuando el problema ya estaba sobre la mesa. Dos historias distintas, con matices propios, pero que comparten un mismo patrón. Relaciones que se perciben como seguras, decisiones basadas en una confianza que no siempre se apoya en información completa y una sensación de control que no se corresponde con la realidad del virus. No son casos aislados. Son relatos que se repiten con frecuencia y que, con pequeñas variaciones, funcionan como arquetipos de una situación muy común: la de un virus que circula envuelto en desinformación, dejadez y que sigue sin ocupar un lugar claro en la conversación sobre salud sexual. Ante esta situación, surgen multitud de preguntas. ¿Qué sabemos realmente sobre el VPH? ¿Cómo se detecta? ¿Qué papel juega cada persona en su transmisión y por qué, en casi todos los casos, las consecuencias se viven de forma tan desigual? Lo que no se sabe Como vimos en los relatos anteriores, todavía existen muchas dudas e ideas erróneas sobre el virus del papiloma y sus consecuencias. Por ejemplo, que el VPH puede detectarse mediante un análisis de sangre, como otras enfermedades de transmisión sexual. La ginecóloga Lorena Serrano, conocida en redes como @hello.gyn y autora del libro Conócete bien, cuídate mejor (Planeta, 2023), lo resume con claridad categórica: “No se puede detectar mediante análisis de sangre. Quizás la confusión venga de que hay infecciones de transmisión sexual como el VIH, la hepatitis o la sífilis que sí se detectan así. Pero en el caso del VPH necesitamos realizar un PCR del cérvix o la vagina para detectar si hay material genético del virus”. A eso se suma otra característica del VPH: su capacidad para permanecer latente. “La infección puede haberse producido años atrás, quedar latente y manifestarse más tarde”, explica Serrano. Esto complica cualquier intento de rastrear el origen del contagio y, en muchos casos, desplaza la conversación hacia la culpa o la sospecha dentro de la pareja. Un impacto mal repartido Para ver cómo se ve el problema desde el otro lado, contactamos con Marta, la chica del relato de Julio. Ella siente que el problema principal del papiloma es que existe muy poca trazabilidad y muy poca responsabilidad. “Creo además que el sistema sanitario que tenemos está totalmente concebido para proteger y hasta infantilizar a los hombres”, afirma. “Todo sería muy distinto si el problema les afectara a ellos”. Marta, recuerda cómo al volver con Julio él le aseguró que estaba todo controlado y que no era necesario tomar precauciones en sus relaciones sexuales, algo que ella sí quería. Como ya sabemos, eso provocó que Marta se infectara del virus. “Inmediatamente, me puse en contacto con mi pareja sexual y le conté lo que pasaba. Él negó toda responsabilidad y empezó un proceso de gaslighting, de preguntarme a mí ‘¿por qué no podés haber sido vos?’, ‘este virus es muy elusivo’, ‘puede haberte pasado con cualquiera’, etcétera”. El diagnóstico de Marta activó un proceso médico largo. Extirpación de verrugas, biopsia, quirófano, trazabilidad, diagnóstico… Mientras tanto, su pareja recibió

La entrada Desinformación, alarma y falta de responsabilidad: el cóctel explosivo del virus del papiloma humano se publicó primero en CHACODIAPORDIA.COM.